jueves, 15 de enero de 2009

Dimas Andrade y una grata compañía


Revisando múltiples cortometrajes (por una razón que ahora no viene al caso relatar) me he topado con un sinfín de sorpresas. Agradables y desagradables. Cuestionándome cómo la gente es capar de enviar a festivales trabajos que dan un poco de vergüenza ajena, por lo descuidado de sus intenciones, y con otros con los que uno se divierte, disfruta y, por qué no decirlo, despierta esa sana envidia del "¡Qué buena idea!" "¡Me hubiera encantado dar con una historia así!". De entre una ingente cantidad, han habido tres trabajos que me han tocado una fibra muy especial. Dos de ellos son comedias un tanto negras, con el mundo del cine como trasfondo, pero el mundo del cine que he "vivido" y "sufrido" muy cerquita... muy a mi alcance. El otro es una de esas historias que tras visionarla, no solo NO te deja indiferente, sino que -en mi caso-, jamás podré olvidar.

Comenzamos con las comedias
:

"No se preocupe", de Eva Hungría, es una cínico y esperpéntico retrato de un rodaje visto desde fuera por una madura ama de casa que ve su casa "invadida" por todos los estamentos del Séptimo Arte.


Lo que comienza por una ocupación ocasional de "un par de horas" para colgar un foco de una ventana, se convierte en como una ama de casa aprende más del mundo del cine en 8 horas que todos los estudiantes de cine en toda "una vida de amor al celuloide. Es más, debería de ser obligatoria para todos los que quieran emprender o participar en un rodaje.



"FEST. A la hora de ganar... TODO vale"
, de José Luis Montesinos. Dimas Andrade. Otro inolvidable nombre para este posteador, al que dicho nombre le representa el retrato más cruel, mefistofélico y certero del cortometrajista-autor.


Dimas Andrade. Un ser que va de "progre", de "humanista", de artista, y en el fondo es un depredador que maneja los hilos de su entorno, humillando, manipulando, chantajeando a los que se pudieran interponer en el principal objetivo de lograr su pequeño y casi miserable fin: el ganar en los circuitos de festivales de cortometrajes. Dimas Andrade, tu presencia me recuerda a un par "compañeros" del medio.

Para disfrutar de 'FEST', clickea en esta web de EL PAÍS que lo tiene colgado.


"Alumbramiento"
, de Eduardo Chapero-Jackson. Para empezar, el nombre de este director me daba repelús. Me sonaba a nuevo moderno. Los Eduardo que yo conozco tienen apellidos más comúnes (López, Gutiérrez,...). Lo de "Chapero", no sé, no se me ocurre incluir esa palabra en una conversación convencional. Y lo de "Jackson", madre mía, a la cabeza se me vienen los Jackson Five y Samuel L. Otra "nueva estrella" del corto nacional, apadrinada por los que mueven los hilos televisivos y cinematográficos.


Pongo "Alumbramiento", a ver qué tal. Al terminarla, tenía el corazón hecho un trapo arrugao" y los ojos me retenían, a duras penas, dos lagrimones como puños. Amargos. Termina el corto y me sentía triste, muy triste. No daba crédito. Al día siguiente reuní a un grupo de alumnos y les proyecté dicho cortometraje. Silencio. Termina. Enciendo las luces. Las chicas lloran en silencio, tratando que no se les note, sin retirar los ojos como platos de la pantalla. Tragando saliba. Los chicos me miran, sin decir nada. Ni el comentario gracioso de turno, que temía que se sucediera durante la proyección. Lo peor de todo es que, mientras volvía a ver el corto, volvía a notar como la garganta se me hacía cada vez más pequeña y, de nuevo, los ojos se me enrojecían. Vaya trago.

Señor Eduardo Chapero-Jackson: Ole sus cojones. Espero que gane TODO lo que se la plante por delante con esta historia de dignidad, amor y tristeza en la que TODO es perfecto. Un casting arriesgado, con caras vinculadas a la comedia que no te permiten, durante la historia, el compartir una sonrisa cómplice a trabajos pasados, pero que brillan como nunca les había visto. Una fotografía tan íntima y aparentemente fácil que da una lección de puesta en escena y narración difícil de igualar ante los grandes presupuestos. Una música, aparentemente agazapada ante la progresión de los diálogos que, en el momento en que se avalanza sobre el espectador, a uno no le queda más que agachar la cabeza y rendirse. Que lo gane TODO. Porque esa historia me recuerda a un par de días de mi vida y probablemente de la vida de todos. Una historia en las que todos seremos los secundarios o los principales. Alguna vez.


Con historias como las descritas arriba y otras que me dejo en el tintero, no dejo de plantearme lo verdaderamente ignorante que soy a la hora de responsabilizarme a la hora de narrar una historia. Hay que ponerse las pilitas.

P.D.: He navegado por internet, y su nombre, Sr. Chapero-Jackson, no es una pose artística, es una herencia familiar. Disculpe mis banales conjeturas.

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